Procura que te recuerden como buena compañera, buenos abogados hay muchos». Esta frase me la dijo un día un antiguo jefe, y siempre la llevaré conmigo. Me contó que, a su vez, se la había dicho su propio jefe. Y así seguirá pasando, de generación en generación. Lo prometo. Y es que, tanto en la …
Y es que, tanto en la vida profesional como personal, un argumento tiene más valor si no se pierden las formas. Puedes decir lo mismo, con firmeza, pero con respeto.
Ser buena compañera, escuchar antes de responder, dar las gracias, pedir perdón, ayudar aunque no toque, y hacerlo sin pensar qué vas a obtener a cambio.
Todo eso no te lo enseñan en la universidad ni te lo preguntan en una entrevista, pero marca la diferencia.
Porque buenos abogados hay muchos.
En el ámbito jurídico nos enseñan a destacar: a argumentar, a ganar, a saber más y más. Ojalá también nos enseñaran que no cuesta nada ser amable con tu contrario, con quien te vende el pan, con la becaria que llega el primer día sin saber dónde sentarse…
Porque si algún día alguien te recuerda no por tus méritos, sino porque le hiciste sentir valorada, escuchada, respetada…Entonces habrás ganado algo aún más valioso que cualquier sentencia favorable: la certeza de que fuiste, ante todo, una buena compañera. Porque buenos abogados hay muchos.
No sé si alguien más se ha encontrado con lo mismo, pero hay algo que me han preguntado muchas veces, sobre todo trabajando:
¿Por qué siempre estás sonriendo?
Y yo pienso: ¿En qué momento se nos olvidó que se puede ser buena profesional y alegre al mismo tiempo?
Claro que hay momentos para la seriedad. Pero, ¿eso implica dejar de ser amables? ¿Faltar al respeto? Para nada.
Para mí, ser feliz no es una meta. Es poder pensar, cuando tengo un mal día, que habrá días mejores. Es cómo interpreto lo que me pasa, cómo cuido mis relaciones, cómo uso mi libertad de elegir con quién gasto mi energía… y con quién no. Es ayudar sin esperar nada a cambio. Es elegir sonreír cuando no hace falta endurecer el gesto.
La sonrisa ante lo desagradable es una cualidad especialmente filipina.
Un día mi padre me preguntó por qué me sentía tan bien cuando estaba en esta isla perdida en el Pacífico. No tuve que pensarlo:
- Porque la gente sonríe, papá.
La gente es amable, la gente no se queja por todo, la gente sonríe ante lo desagradable.
Puede parecer una tontería, pero no lo es.
No necesitas justificar tu existencia para que te digan “buenos días”. Y eso, viniendo de un lugar donde el estrés es el idioma oficial y la queja a veces se normaliza… es profundamente transformador.
El verano pasado, hablando con unos amigos que tienen negocios en la isla de Siargao, me dijeron algo que me dejó pensando: Mercè, muchos de los clientes que más nos cuestan vienen de Europa. A veces parecen molestos incluso estando de vacaciones. ¿Por qué les cuesta tanto disfrutar?
Y me dio qué pensar.
A veces venimos de entornos donde la queja va por delante del agradecimiento. Y eso te acompaña sin que te des cuenta… incluso durante tus vacaciones.
- Porque la honestidad se valora, papá.
Vengo de entornos donde, a veces, sentarse en una mesa a criticar a quien no está presente es algo habitual, se tolera cierta incongruencia entre lo que se dice y lo que se hace, donde es más fácil evitar una conversación incómoda que sostener una de honesta.
Recuerdo una escena muy concreta que viví en Filipinas; Estaba sentada en una mesa, y una persona empezó a hablar mal de alguien que, evidentemente, no estaba presente. Un local lo paró con toda la calma del mundo y le dijo:
¿Tienes mucho tiempo libre tú para estar opinando de su vida, verdad? Esto aquí no se ve bien. Aunque, si quieres seguir opinando como lo estás haciendo, lo podemos llamar y seguir con esta conversación.
Me quedé en silencio, observando. Y pensé: qué sencillo y necesario.
No cuesta tanto ser claro, honesto y respetuoso.
¿Por qué, a veces, se normaliza decir que todo está bien y luego desaparecer sin avisar? ¿Decir que no puedes asumir un coste mientras buscas a otra persona por más dinero…? ¿Entrar en un café y que nadie responda a los buenos días?
En Filipinas se dice que esa forma de actuar te define y se queda en tu ADN.
Por eso me siento tan bien cuando estoy aquí, papá.
Porque se vive con valores. No necesitas tenerlo todo resuelto para ser amable, una sonrisa puede cambiarle el día a alguien, y aquí la gente lo sabe y lo hace.
La sonrisa filipina se ofrece con generosidad, incluso en medio de las dificultades.
No se opina con mala fe de quien no está; ¡Está mal visto!
La felicidad y la alegría no son poses, son formas de interpretar la vida.
Y esa forma de ser no viene de ganar más, ni de saber más. Viene de ser más humana, de elegir, cada día, ser mejor persona. De sonreír ante lo desagradable.
Todo esto me lo llevo en la maleta cuando me toca pasar temporada en Europa e intento transmitírselo a mis sobrinas para que crezcan con parte de esta forma de estar en sociedad.
Y ojo, no digo que todos los europeos piensen o actúen así. Evidentemente hay quien cuida de sus actos y palabras, quien habla a los demás como se hablaría a sí mismo.
Si quieres saber más sobre la sonrisa Filipina, te dejo un artículo que te puede interesar: https://vogue.ph/beauty/wellness/behind-our-smile/


